VATICANO: ENTREVISTA AL PAPA EMÉRITO

Entrevistado por Elio Guerrero, teólogo e historiador, el Papa Benedicto confiesa sobre su renuncia: “Había compromisos que ya no podía llevar a cumplimiento, en particular la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro en el 2013. Después de la experiencia de los viajes a México y Cuba, ya no me sentía capaz de un viaje tan comprometedor. Por otra parte, visto el enfoque que Juan Pablo II les había dado a estos viajes, yo no podía fallar. Por esta y otras circunstancias la renuncia era para mí un deber. Tenía además la convicción que el Año  de la Fe iba a concluir bien lo mismo, como de hecho sucedió. En Cuba y México he experimentado con gran fuerza los límites de mi resistencia física. No me sentía más idóneo para los vuelos transoceánicos. Hablé con mi médico, el doctor Patricio Polisca. Yo siempre estuve convencido de ser un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Aún conociendo mis límites, acepté el pontificado por obediencia. Me di cuenta enseguida que todo lo que había que hacer no lo podía hacer sólo; me puse en las manos de Dios con la certeza de que la Iglesia es guiada por el Señor. El 21 de febrero del 2013 también prometí obediencia a mi sucesor; y esto nunca estuvo en discusión. Además hay un sentimiento de comunión profunda y amistad hacia él, desde el primer momento que me habló por teléfono después de su elección. Tiene conmigo una relación paterno-fraterna de gran cordialidad; a menudo me llegan por parte de él cartas y regalos. Antes de emprender un viaje internacional, siempre me visita. La benevolencia que predica a los demás no son  palabras, porque la práctica”. Según Guerrero, “Benedicto eligió vivir en el monasterio Mater Ecclesiae porque quería seguir viviendo en el recinto de Pedro. Es un testimonio de vida contemplativa, pero también de apoyo y acompañamiento a su sucesor”. Elio Guerrero escribió una biografía de Ratzinger que se titula: “Servidor de Dios y de la humanidad”, con la prefación del Papa Francisco. Este escribe sobre él: “Su presencia discreta y su oración son para mi apoyo y consuelo constante. Siempre ha tenido conmigo no tan solo reverencia y obediencia sino una verdadera cercanía espiritual, comprensión y fraternidad sincera, y también disponibilidad al consejo. Para la Iglesia la presencia de un Papa emérito es una novedad. En cierto sentido expresa en forma particularmente evidente la continuidad del ministerio petrino, sin interrupción, como anillos de una misma cadena soldados por el amor. Él ha participado de la apertura del Jubileo de la Misericordia pasando por la Puerta Santa enseguida después de mí. También para Él, el mensaje de la misericordia de Dios es un signo de los tiempos, que se hace cada vez más central y dominante”.

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