MADRE TERESA: RECUERDOS DE UN AMIGO

El 4 de setiembre en Roma será declarada santa madre Teresa de Calcuta. Angelo Comastri, un obispo gran amigo de madre Teresa, recuerda varios episodios de su vida. Como cuando ella tuvo que hablar en la Asamblea General de la ONU el 26 de octubre de 1985. Fue presentada con palabras muy elogiosas por el secretario general de la ONU Javier Pérez de Cuellar. Ella dijo: “Yo soy tan solo una pobre monja que reza”, y sacó el rosario. “Es rezando que Dios me pone en el corazón su amor y  yo lo entrego a los pobres. Recen ustedes también y se darán cuenta de los pobres que tienen alrededor. Recen y los ojos se les abrirán”. Cuando volvió después de recibir el premio Nobel en Oslo y pasó por Roma un periodista le dijo: “Usted trabaja mucho, pero cuando se muera, el mundo seguirá siendo como antes”. Ella contestó: “Yo nunca he pensado cambiar el mundo. Tan solo he buscado ser una gota de agua limpia en la que pudiera reflejarse el amor de Dios. Busque ser usted también una gota de agua limpia y así seremos en dos. Si convence a su esposa seremos en tres. Y si tiene hijos seremos más. El trabajo que hago yo no lo puede hacer usted y yo no puedo hacer el suyo. Pero juntos podemos hacer un lindo trabajo para Dios y para el mundo”. Cuenta Comastri que “en los últimos años ella experimentó la “noche de la Fe”, es decir una dolorosa lejanía de Dios e insensibilidad religiosa. Yo creo que Dios quiso defenderla del orgullo. Ella gozaba de una celebridad  hasta superior a la de Juan Pablo II; todos la buscaban. Madre Teresa reaccionó  a esa prueba intensificando la oración y las obras de caridad”. Un día a Comastri, totalmente sorprendido, Madre Teresa le preguntó: “¿Cuántas horas reza usted por día?”. Ella le explicaba después: “Orando, Dios nos infunde su amor en el corazón y solo de ese modo podemos amar a los pobres como Él los ama”. Ella viajaba desgranando rosarios. En las entrevistas con los periodistas empezaba rezando el Avemaría. A una joven que quería entrar en la obra para dedicarse a los leprosos: “Aquí se entra para entregarse por entero a Jesús. Él nos enviará al servicio de los que sufren”. Cuando escribía sobre los pobres, escribía esa palabra con mayúscula como hacía san Vicente de Paul, por respeto a Jesús presente en ellos. Amaba la pobreza por amor a los “pobres más pobres”. Las Misioneras de la Caridad no disponen más que de un par de “saris”, no tienen heladera ni lavarropa, ni radio ni televisión, no van al cine ni leen los diarios, no tienen calefacción ni ventiladores. No reciben ayuda del gobierno ni subsidios de la Iglesia; tan solo  tienen una vasta red de colaboradores que practican su misma espiritualidad. Además de las declaración de Comastri, se han escuchado las del capellán de las Misioneras de la Caridad de Madrid, José María Calderón que dijo: “Si Madre Teresa viviera guardaría el título de “santa” con el resto de los reconocimientos recibidos (124 premios) en una caja de zapatos porque no le gustaban los honores. Ella decía: “Si algún día seré santa, quiero serlo en la oscuridad”. La Orden consta ahora de 4.500 monjas en 133 países. Si Madre Teresa tiene un mensaje para nuestra época es el de la dignidad de cada persona humana. En China cuando le preguntaron quien era un comunista para ella: “Es un hijo de Dios, mi hermana, mi hermano”. La noticia salió en lo titulares de todos los diarios.

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