BRASIL: LA BIBLIA EN MANOS DEL PUEBLO

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En una larga entrevista el biblista brasileño profesor Francisco Orofino, colaborador de Carlos Mester y coordinador nacional del CEBI (Centro de Estudios Bíblicos) dice que “la Biblia ha llegado a la gente y es usada como instrumento cotidiano del trabajo pastoral. La lectura popular de la Biblia con su metodología, se ha ido difundiendo en todo el mundo. Si hay una conquista irreversible del Concilio, es la Biblia en manos del pueblo. El laico tiene ahora en sus manos aquella que, según la Dei Verbum, es la fuente primera de la Revelación y la lee a partir de su propia realidad no solo personal, sino económica y sociopolítica.

La Biblia en manos del pueblo rompió el monopolio de la teología, restringido al clero. Ayuda a la desclericalización que promueve el Papa Francisco, con los consejos pastorales parroquiales, los círculos bíblicos y las comunidades eclesiales de base. En Brasil todos deberíamos seguir esquemas catequísticos vivénciales a partir de la Biblia. Pero la mayor parte de las parroquias aún piensan que estos deben ser doctrinales a partir del catecismo, no de la Biblia. En muchas parroquias, donde el clero se dedica básicamente a los sacramentos, el estudio bíblico pasa como una cosa desapercibida y optativa, porque no se ve la Biblia como un importante instrumento de evangelización. Además, inclusive en las iglesias pentecostales se han quedado con cosas del Antiguo Testamento (el diezmo etc.). El Nuevo Testamento nos enseña una Iglesia menos piramidal y centralizada como la hay en las comunidades eclesiales de base donde se busca imitar las primeras comunidades cristianas. Hacen falta comunidades que a la luz del Evangelio, como Pueblo de Dios, desarrollen su vida, su catequesis, su liturgia en pequeños núcleos, pero al mismo tiempo sintiéndose en red. Para eso hace falta concretar lo que se dijo tantas veces, el “protagonismo de los laicos”, con una emancipación de los ministerios laicales frente al clero. En la carta que el Papa envió al obispo Marc Ouellet para que la remitiera a la Iglesia Latinoamericana, se dice que “llegó la hora de los laicos, pero la impresión que tengo es que el reloj se paró”. El Papa había enviado la carta en marzo y cuando vio que en mayo todavía no había sido publicada, él mismo tomó la iniciativa de publicarla. Nuestro drama hoy es cómo hacer avanzar el reloj. El laico hoy ha de tener la Biblia para su uso personal; este es el primer paso. Lo segundo es capacitar a los agentes pastorales, sobre todo a los catequistas desde el nivel más primario hasta cursos de grado superior. Capacitar a los agentes no para el mundo académico, sino para trabajar con el pueblo. La Biblia ha de ser el libro del pueblo. Si se la enseña como una asignatura o como un libro institucional, no llega a la gente.  Hay que usar una metodología adecuada a partir de la realidad. Finalmente hay que impulsar una animación bíblica de toda la pastoral. Primero en la liturgia, donde el mensaje debe ser el de las lecturas y no el de la cabeza del cura, como explica muy bien el Papa en Evangelii Gaudium. Después en la catequesis, abandonando la catequesis doctrinaria. Es fundamental lograr una espiritualidad bíblica con los círculos bíblicos a partir de la lectura orante de la Biblia”.

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