VATICANO: ES LA HORA DE LA MUJER

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hna. Mary Melone

“Espero participar en una discusión seria no solo sobre la historia sino sobre las posibilidades para el futuro”, dijo Phillis Zacano, escritora y profesora universitaria norteamericana, invitada en el Vaticano a integrar la Comisión de Estudio sobre el Diaconado de las Mujeres. La Comisión está compuesta por seis varones y seis mujeres y analizará la posibilidad de re instaurar en la Iglesia Católica el Diaconado Femenino, tal y como se practicaba en la primera Iglesia. Presidente de la Comisión es el secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo y jesuita español Luis Ladaria. Entre los miembros figuran seis integrantes de la Comisión Teológica Internacional. Una de las integrantes, la Hermana Mary Melone rectora de la Pontificia Universidad Antonianum celebró la decisión del Papa y declaró que “la mujer con su capacidad de escucha y de relación, puede garantizar la dimensión de servicio también en los procesos de gestión, contribuyendo a que en la Iglesia haya realmente un estilo de  corresponsabilidad por parte de todos”. Muchos piensan en efecto que ciertos cambios solo podrán darse en el contexto de una Iglesia menos piramidal y clerical.

La docente universitaria de Historia de la Iglesia en “la Sapienza” de Roma, Emanuela Prinzivalli afirma: “Si se quiere valorizar  la figura de la mujer en la Iglesia y darle un rol central como en las demás confesiones cristianas, el camino del Diaconado puede ser emprendido tranquilamente porque ha sido una institución que se prolongó desde los comienzos del Cristianismo hasta el siglo XI,  particularmente en los primeros tres siglos”. Y la periodista Stefania Falasca: “Una presencia femenina más incisiva en la Iglesia presupone la superación de cierto machismo subterráneo, cierto clericalismo y carrerismo  que responden a una búsqueda de poder. El rol de las mujeres, consagradas y laicas, es todavía débil en los procesos decisionales y en la predicación”. El Diaconado Permanente se confía actualmente tan solo a varones, solteros y casados, dispuestos a ejercer ese ministerio para toda la vida. El Diácono Permanente puede, entre otras, cosas animar una comunidad, bautizar, presidir los casamientos, predicar en la misa, distribuir la comunión. Instituido con el Vaticano II, en los últimos tiempos  este ministerio vive una cierta crisis precisa un nuevo impulso. En realidad el tema del Diaconado Femenino, que había recibido una respuesta positiva por personalidades como Congar, Martini, Kasper y otros, ya fue tratado por la Comisión Teológica Internacional que en el 2003 produjo el documento: “El Diaconado: evolución y perspectivas”. El resultado sobre el Diaconado Femenino fue que se dejaba a la autoridad de la Iglesia cualquier decisión. Después de una atenta búsqueda histórico-teológica la conclusión era que el veredicto sobre la forma de un posible Diaconado Femenino, no podía ser confiado simplemente a la historia. En 1976 la Pontificia Comisión Bíblica de la que participaban grandes exegetas y biblistas concluyó que no había motivaciones bíblicas suficientes para excluir a la mujer del ministerio presbiteral y que en las cartas pastorales las mujeres, señaladas después de los obispos y diáconos, tenían probablemente un rol parecido (1 Tim 3,11).

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