(tema central) LOS 500 AÑOS DE LA REFORMA PROTESTANTE

luther-nailing-theses-560x538El 31 de octubre próximo en Lund (Suecia), la Federación Mundial Luterana y la Iglesia Católica, con la presencia del Papa, conmemorarán los 500 años de la Reforma. El Papa aceptó la invitación de ir a Lund no para apoyar la Reforma Protestante o celebrar el cisma de hace 500 años, sino para dar un paso más hacia la unidad a través del arrepentimiento mutuo por los conflictos del pasado, el diálogo ecuménico, la oración común, la cooperación frente a una acelerada secularización de la sociedad y a los desafíos del mundo de hoy.

 

ANTES DE LUTERO
En la Iglesia del tiempo de Lutero, desde hace tiempo se esperaba una reforma “en la cabeza y en sus miembros”. Había mucha corrupción en el papado y en la corte papal, demasiado nepotismo; más que líderes espirituales los obispos eran príncipes y señores feudales, interesados en el dinero y en el poder. Los presbíteros faltaban de la preparación bíblica y teológica indispensable y en el pueblo florecían las supersticiones. Aún así no faltaron santos en esa época y la reforma de la Iglesia ya había sido promovida desde las bases por hombres como Francisco de Asís, Domingo de Guzmán, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz… También la reforma luterana había tenido sus precursores por ejemplo en el movimiento del laico francés Pedro Valdo en el 1173 que pedía más pobreza en la Iglesia, igualdad entre todos sus miembros y la vuelta a la Escritura; o en el movimiento de Jan Hus, un docente universitario de Praga que fue quemado en la hoguera en 1415. La idea inicial de Lutero era también la de reformar la Iglesia, para que volviera a vivir el cristianismo primitivo tal como enseña el Nuevo Testamento. Nunca quiso fundar una nueva Iglesia, ni que sus discípulos se llamaran “luteranos”. Escribía: “No se llamen luteranos. Mi doctrina no es mía. Yo no he sido crucificado por nadie. Yo no soy, ni quiero ser maestro de nadie. Dejen que nos llamen a nosotros simplemente cristianos, gracias a Aquel que nos salvó”. Lamentablemente Lutero terminó, directamente e indirectamente, desintegrando la Iglesia de occidente con una reacción a cadena que llevó a un segundo gran “cisma” (=ruptura), como 500 años antes había habido el cisma de oriente con la separación de los Ortodoxos. La Reforma o Reforma Protestante es por lo tanto el movimiento iniciado en Alemania en 1517 por Martín Lutero que dio origen a numerosas iglesias y confesiones bajo la denominación común de Protestantismo.

 

NI ÁNGEL NI DEMONIO
Después de siglos de una polémica insultante contra Martín Lutero por parte católica, hoy prevalece una visión más objetiva de este personaje histórico. Muchos estudiosos, teólogos e historiadores han destacado la parte positiva de las ideas y de los aportes de Lutero que en muchos aspectos han ayudado a cambios fundamentales aún en la Iglesia Católica. Se ha descubierto antes que nada a un hombre profundamente religioso. El historiador y sacerdote católico Hubert Jedin escribió: “Lutero ha penetrado como pocos en lo esencial del Cristianismo. Fue un gran pensador teológico, hombre de vida interior y un predicador poderoso de la Palabra de Dios”. Para otro gran historiador también sacerdote, Joseph Lortz, Lutero fue un “hombre de oración que se ponía con confianza en las manos de Dios. El gran tema central de Lutero fue el mismo Dios, la grandeza incomparable de Dios, frente a la cual el hombre es poco menos que nada”. A lo largo de las últimas generaciones, los sabios católicos han llegado, sin negar los límites y errores de Lutero, a una comprensión más exacta de su persona y teología evitando prejuicios polémicos y simplificaciones injustas. Con el Concilio y los aportes del p. Yves Congar y tantos otros se llegó a hacer justicia de sus intenciones y  de su pensamiento religioso. En 1970 Johannes Willebrands, presidente del Pontificio Secretariado por la Unión de los Cristianos dijo: “A lo largo de los siglos la persona de Lutero y su teología no han sido siempre correctamente juzgados” y se preguntaba: “¿Quién podrá negar que Lutero fue una personalidad profundamente religiosa y que buscó el mensaje del Evangelio con honestidad y consagración?”. Muchos autores en el pasado lo habían juzgado como un degenerado, psicopático etc. Ahora, en 1983, la comisión teológica católico-luterana definió a Lutero “testigo de Cristo”. En 1993 la misma comisión, apoyada  por el Vaticano, redactó un documento consensuado por todos sobre la “Justificación”, el tema fundamental de la teología de Lutero. Según él, “la fe es una confianza viva en Dios y una certeza capaz de resistir mil muertes” porque solo Él nos salva por su gracia y misericordia. Muchas veces en la catequesis y en la predicación tradicional se enseñaba que la fe era el consentimiento a la doctrina de la  Iglesia o simplemente era creer en la existencia de Dios; la salvación se obtenía por nuestros méritos. Lutero tampoco se opuso a las buenas obras. Lo que él dice es que éstas no “merecen” la gracia o la ayuda divina sino que son una respuesta al amor gratuito  de Dios y han de concretarse en el servicio al prójimo. Escribía: “Es tan imposible separar la fe de las obras como el fuego de su luz”. Hoy muchos piensan que con mayor caridad y capacidad de diálogo de un lado y de otro se podía haber evitado ya desde un comienzo el cisma luterano, que después desbordó en una especie de guerra religiosa. La chispa inicial se dio con la cuestión de las indulgencias.lutero00
Así como se vendían los cargos eclesiásticos y las reliquias, se había empezado a vender también las indulgencias. Con la palabra “indulgencia” la Iglesia y el Papa entiende la remisión parcial o total del castigo temporal por parte de Dios de los pecados después de que la culpa era eliminada por la absolución sacramental. Las indulgencias se podían adquirir con dinero, para uno mismo o para los difuntos que sufrían en el purgatorio: uno de los motivos que llevaron a esta práctica de la venta de las indulgencias fue la construcción de la Basílica de san Pedro en Roma. El dominico Joann Tetzel, famoso predicador de las indulgencias, llevando al exceso esta idea, afirmaba que cada vez se oía sonar una moneda en la caja de recaudación, se liberaba un alma del purgatorio.

 

LAS 95 TESIS DE WITTEMBERG
Martín Lutero (Luther, en alemán) era un sacerdote católico, monje de la Orden de los Agustinos, que nació en 1483 en Sajonia de una familia pobre (su padre era minero) y recibió una educación muy rigorista en la cual Dios figuraba como un Dios juez y amenazante. Entró en los Agustinos en 1505 a pesar de la oposición de los padres. Siendo ya sacerdote, en 1512 obtuvo el doctorado en teología y se hizo cargo de la cátedra de exégesis bíblica en la universidad de Wittemberg, especializándose en el estudio de san Pablo. En 1515 fue nombrado por la Orden prior de un distrito de once conventos agustinos. Lutero estaba escandalizado por la campaña monetaria que se estaba realizando con la venta de indulgencias. El 31 de octubre de 1517 puso en conocimiento público una proclama de 95 tesis teológicas, cuestionando el valor de las indulgencias. Es lo que se celebrará el 31 de octubre del año próximo como fecha en la que dio comienzo la Reforma. Las tesis no estaban destinadas al gran público, sino que eran para ser discutidas a nivel académico y universitario. El manifiesto no era un acto de rebeldía. Las 95 tesis según algunos historiadores fueron clavadas en la puerta de la iglesia del palacio de Wittemberg, pero para la mayoría fueron simplemente enviadas al arzobispo de Maguncia y a otras universidades. En la carta al arzobispo, Lutero le pedía que se decidiera a extirpar la cizaña de los abusos y del comercio de las indulgencias. Las tesis, gracias al invento de la imprenta, fueron impresas y se difundieron rápidamente; en 1518 ya circulaban por toda Europa. El mismo Lutero quedó sorprendido por el éxito de sus teorías sobre un tema tan candente; pero tuvo pronto que enfrentarse con teólogos y obispos hasta terminar con un proceso canónico en Roma.

He aquí algunas de las tesis:

  • “Mala doctrina es la de aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda, el alma sale volando” (27); “solo el lucro y la avaricia van en aumento” (28).
  • “Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido merece la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencia” (36).
  • “Las indulgencias apostólicas deben darse con cautela, para que el pueblo no las prefiera a las obras de caridad (41).
  • “Aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprase indulgencias” (43).
  • “El Papa más necesita oraciones ferviente, antes que dinero” (48).
  • “Las del Evangelio son redes con las que se pescan hombres; las indulgencias son redes con las que se pesca el dinero de la gente” (65 y 66).

Lutero pasaba a relatar también los que eran los comentarios y objeciones de muchos:

“¿Por qué el Papa no vacía el Purgatorio de una vez sola con las indulgencias, animado por la caridad y la apremiante necesidad de las almas, en vez de acudir al miserable dinero para la construcción de la Basílica que es motivo completamente insignificante?” ( 82).

“¿Por qué el Papa cuya fortuna es más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye él solo la Basílica de san Pedro con su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes? (86).

“¿Por qué el Papa no hace un bien mayor para todos, concediendo remisiones cien veces por día, beneficiando así a todos los creyentes?” (88).

En las 95 tesis, si bien ya se nota la que será después su doctrina, no hay rebelión contra el Papa, sino más bien contra el concepto y el comercio de las indulgencias y los excesos verbales de los predicadores. Mucha gente pensaba que con la indulgencia uno estaba seguro de la salvación eterna. El “negocio” se refería a la forma en que se juntaba el dinero para la construcción de la Basílica, iniciada en 1506 por el Papa guerrero Julio II sobre la antigua iglesia constantiniana. La Basílica sería terminada 120 años después, en 1626. El proceso contra Lutero, que había apelado a un Concilio, duró hasta junio de 1520, cuando el Papa León X con una bula condenó 41 proposiciones tomadas de sus escritos, lo amenazó de excomunión y le dio un plazo de dos meses para retractarse.

Aquí empieza realmente la rebelión de Lutero que escribe el libelo: “Contra la execrable bula del Anticristo” en noviembre. El 10 de diciembre quema públicamente la bula papal junto con el Derecho Canónico y libros de teología escolástica. El 3 de enero del año siguiente le llega la excomunión. Tres meses después el emperador Carlos V lo cita a la Dieta de Worms para que se retracte públicamente. La respuesta de Lutero es: “Mi conciencia es esclava de la Palabra de Dios”. La Escritura para él “se impone por si sola y con meridiana claridad. Es infalible tan solo la Sagrada Escritura sin necesidad de intermediarios y el Papa y los Concilios pueden equivocarse”. Lutero fue declarado “hereje”, se prohibieron sus obras y tuvo que refugiarse en el castillo de un príncipe que lo amparó en forma clandestina hasta marzo de 1522. Durante ese tiempo llevó a cabo la traducción del Nuevo Testamento del griego al alemán, la que se imprimió en septiembre de 1523. Será recién en 1534 que, ayudado por un equipo, terminará la traducción también del Antiguo Testamento. Cuando Lutero tradujo la Biblia, la mayoría de la sociedad era analfabeta y la Biblia la leían tan solo los sacerdotes en latín. A los 60 años de la invención de la imprenta fue el primer libro de difusión masiva. Fue la primera traducción de la Biblia en idioma moderno, la que hizo posible el acceso de todos a su lectura y fue además una pieza clave de la literatura alemana.

 

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Erasmo

EL AÑO 1525
Este año es clave en la vida de Lutero y de la Reforma, la que adquirió una dimensión socio-política. Los príncipes alemanes detestaban el Imperio y Roma que lo justificaba, por los impuestos que se debían versar y encontraron apoyo en Lutero que los invitaba a que negaran su obediencia al Papa y al Emperador. A su vez  los campesinos, animados por la lucha de Lutero contra las autoridades de la Iglesia, se rebelaron contra los príncipes en una guerra sangrienta en la que Lutero sin embargo apoyó a los príncipes. Lutero había propuesto la teoría de los “dos reinos” (temporal y espiritual), para distinguir lo político de lo religioso. Sin embargo los desórdenes provocados por sus seguidores más radicalizados y la revuelta de los campesinos que veían en él a un reformador social, lo convencieron a confiar la Reforma en manos de los príncipes: éstos se vieron en la posibilidad de formar su reino independiente del Emperador.
Tuvo también una áspera polémica teológica con Erasmo de Rótterdam que defendía la libertad del ser humano y le había dedicado el libro “De libero arbitrio”. Lutero que tenía una concepción muy pesimista de la naturaleza y de la libertad humana contestó con otro libro: “De servo arbitrio”. También había rechazado en sus escritos ya sea el celibato eclesiástico como los votos monásticos, porque dividían a los cristianos en categorías, siendo que somos todos iguales. A fines de 1524 se deshizo definitivamente de los hábitos monacales y el año siguiente se casó con Katharina von Bora, una monja cisterciense 16 años menor que él, que se había escapado con otras del convento y había buscado protección en Lutero. Estos hechos constituyeron su ruptura definitiva con el papado y la “antigua” Iglesia Católica. Lutero con Katharina tuvo seis hijos; fue un marido fiel y un padre afectuoso. Después de este año decisivo, la vida de Lutero y su Reforma se orientaron de hecho hacia la consolidación de una nueva Iglesia. Ahora se trataba de organizar la nueva comunidad cristiana y eso se dio con la Misa Alemana, el Catecismo Mayor (para los pastores) y el Catecismo Menor (para la gente) y cantidad de otros escritos. De esa manera fue surgiendo el Luteranismo y en la segunda Dieta de Espira, cuando los príncipes luteranos en 1529 “protestaron” contra la decisión de que en las regiones donde no se había establecido el Luteranismo se prohibiera su propagación, fueron llamados “protestantes”. Lutero se opuso violentamente a la convocatoria por parte del Papa Pablo III del Concilio de Trento que empezó en 1545. Este  terminó en 1563, después de 18 años, promoviendo la llamada “Contrarreforma”. Con las disputas y las luchas encarnizadas, el lenguaje ya sea de Lutero como de sus opositores se había hecho brutal y violento. El año antes de morir, en 1545, escribió su último libelo: “Contra el papado de Roma fundado por el demonio”. Aún así, permaneció fiel a la oración hasta el último día. Murió el 18 de febrero de 1546 rezando: “En tus manos encomiendo mi espíritu”. Dejó escrito en un papel: “Somos tan solo mendigos frente a Dios; esta es la verdad”.

 

EL TRIGO Y LA PAJA
Si bien con la palabra “reforma” se suele pensar en la Reforma Luterana empezada por Lutero hace 500 años, hoy se incluye en ella también el Calvinismo o los  Reformados con Juan Calvino y Ulrico Zuinglio y en un sentido más amplio también a los Anglicanos con Enrique VIII. Sin embargo tanto la Reforma Protestante como la Contrarreforma Católica pueden ser consideradas como un único movimiento reformador que se desarrolló en el 1500 como respuesta a una Iglesia en crisis y a la deriva. Todos los problemas que inquietaron a los Reformadores, confluyeron también en el Concilio de Trento, es decir en la Reforma Católica. Por eso el año próximo, en un clima nuevo y ecuménico, luteranos y católicos recordarán conjuntamente el comienzo de ese movimiento. Por ambos lados se pedirá perdón por los pecados, errores y deficiencias, se valorarán los aspectos históricos positivos y habrá un nuevo compromiso de acercamiento y reconciliación para el futuro.

En aquel tiempo existía una espiritualidad y una doctrina del “mérito” que orillaba con el pelagianismo. Lutero contraatacaba diciendo que las obras buenas no son  necesarias ni suficientes para “merecer” la salvación porque esta se debe tan solo a la misericordia gratuita de Dios en Cristo.  Este tema central de la Justificación Lutero lo concretaba en esta fórmula: “Solamente la fe, solamente la Gracia, solamente la Escritura, solamente Cristo”. Hoy la Iglesia Católica reconoce que “el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio” (Dei Verbum, 25) y la Palabra de Dios ha llegado a ser el alimento diario de muchísimos católicos. La doctrina del sacerdocio universal de los fieles y de la responsabilidad de los mismos en la vida y el gobierno de la Iglesia, aún con sus límites, abrió caminos también para la Iglesia Católica. Los textos de Lutero son en gran parte textos polémicos, frutos de disputas enardecidas de un lado y de otro; no hay por lo tanto que tomarlos todos y siempre al pie de la letra. No es cierto que Lutero no tuviera devoción a la Virgen. Publicó un espléndido comentario del Magnificat. Escribía: “Si invocamos a María es para que el Señor, por deferencia a ella, haga y conceda lo que le pedimos”. Rechazaba los excesos supersticiosos y las devociones sin base bíblica. No es posible en este artículo detallar esos puntos que nos acomunan en el seguimiento de Cristo y del Evangelio para demostrar que es “mucho más lo que nos une de lo que nos separa” (Juan XXIII); pero creemos que ha llegado el tiempo de dejar de lado la paja, para aprovechar el trigo. Como ha dicho el Papa Francisco en Evangelii Gaudium (n. 246): “Si nos concentramos en las convicciones que nos unen.., podremos caminar decididamente hacia expresiones comunes de anuncio, de servicio y de testimonio”.

                                                                                       PRIMO CORBELLI

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