EL SILENCIO DE AUSCHWITZ

Pope Francis visits former Nazi German concentration and extermination camp Auschwitz-Birkenau in OswiecimEl Papa visitó Auschwitz en el tercer día de su estadía en Cracovia, entrando en el lager solo, de a pie y en silencio. Se sentó en un banco 15 minutos rezando frente a la plaza donde se pasaba lista a los presos. Allí murieron san Maximiliano Kolbe y santa Benedicta de la Cruz (Edit Stein). Oró ante el “muro de la muerte” donde eran asesinados con un disparo en la nuca los presos; tocó la pared y prendió un cirio. Besó el poste donde colgaban a las personas. Rezó en el oscuro “bunker del hambre” donde fue encerrado el fraile franciscano Maximiliano Kolbe con otros, para que murieran de hambre.

Kolbe había convertido su convento en un refugio para tres mil hermanos polacos, entre ellos dos mil judíos. Tras dos semanas en el bunker todavía con vida, lo mataron inyectándole ácido fénico en las venas. Sus últimas palabras a los asesinos: “Estamos en esta tierra para amar; el odio no sirve, solo el amor salva”. El Papa miró, siempre en silencio, esas tétricas paredes del búnker con nombres y cruces  grabadas con las uñas. Tuvo un encuentro con 12 sobrevivientes del lager. Entre ellos estaba una mujer que había nacido en el lager mismo, y una violinista de la famosa orquesta musical que recibía a los nuevos presos que entraban en el campo de exterminio. La mujer, de 101 años, ha recibido en su casa a varios jóvenes peregrinos. El rabino argentino amigo del Papa, Abrahan Skorka, explicó el porqué del silencio del Papa en Auschwitz: “cuando el dolor es grande, el grito queda ahogado en la garganta”. Sus únicas palabras fueron las que escribió en el libro de honor de Auschwitz: “Señor ten piedad de tu pueblo. Señor, perdón por tanta crueldad”. En el complejo Auschwitz-Birkenau murieron más de un millón de judíos europeos, 23 mil gitanos, 15 mil rusos y decenas de miles de varios países. En Birkenau, tres kilómetros más lejos, el papa rindió homenaje al Monumento de las Víctimas donde hay lápidas en 23 idiomas con esta frase: “Para siempre dejen que este lugar sea un grito de desesperación y una advertencia para la humanidad”. El Papa siguió callado mientras el rabino jefe de Polonia cantaba en hebreo el salmo penitencial 130, traducido al polaco por el p. Stanislaw Ruszala: “Desde lo profundo te invoco Señor…”. Este sacerdote figuraba entre los 25 “justos entre las naciones” (=personas que salvaron a judíos de la muerte), con los que se encontró después el Papa. Padre Stanislaw representaba a mil sacerdotes polacos que habían ayudado a los judíos y a una familia católica totalmente eliminada  por los nazis por dar refugio a judíos. Se está procesando la causa de beatificación de esta familia. Son 6.620 los católicos polacos  “justos entre las naciones”, de los cuales todavía viven unos 240. También estuvo presente en el encuentro con el Papa la Hermana Janina Kierston en representación de su Congregación que salvó a 750 judíos. El encuentro fue organizado por un rabino judío como acto de agradecimiento. En todo el tiempo de la visita (2 horas) el silencio fue el único idioma con el que el Papa Francisco habló al mundo sin necesidad de traductores, desde Auschwitz.

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