(cultura) Horizontes críticos del pensamiento latinoamericano:

El Humanismo Pleno de Leopoldo Zea

Leopoldo-Zea01Leopoldo Zea (México, 1912-2004) es otro de los exponentes que ha contribuido, junto a Enrique Dussel y Arturo Andrés Roig, a los estudios en torno a la Historia de las ideas latinoamericanas. Profundo conocedor de la tradición intelectual de Occidente, de vasta producción bibliográfica, formador de gran cantidad de discípulos y difusor de los estudios de y en América, este filósofo insistía en la preservación de la identidad cultural de nuestros pueblos. Su obra es considerada una de las vetas más originales de nuestro tiempo y en este artículo nos centramos en los algunos ejes de su propuesta.

 

Identidad e Integración
Con más de sesenta libros publicados, las reflexiones de Leopoldo Zea giraron en torno a la cultura y la integración latinoamericana: “A lo largo de la historia de la América Latina se han planteado dos grandes problemas estrechamente relacionados entre sí: el de la identidad y, a partir de ella el de su integración, pero en relación distinta a la que le han venido imponiendo los coloniajes desde 1492”. Abrevando en las ideas de José Martí y Simón Bolívar, toma del Viejo Mundo los paradigmas que son únicamente necesarios, y con una visión no eurocentrista busca que lo propiamente innovador emane de “nuestras repúblicas”, o mejor dicho, de nuestra compleja realidad latinoamericana, actualmente inserta en procesos de globalización que, para Zea, se traducen en “la emergencia de personas que a lo largo de la milenaria historia habían sido, una y otra vez, marginadas y manipuladas. Manipulación globalizada, mundializada, en beneficio de gentes de una limitada región de esta tierra”. Zea estudió las características de la marginalidad de la cultura iberoamericana desde el análisis histórico. En un serio intento de elaborar un esquema racional de la historia americana, trató de encontrar una lógica que nos permita mirar hacia adelante y “tomar el pasado como punto de partida en la construcción del presente y del futuro”. Para este filósofo, “toda interpretación de la historia, toda filosofía histórica, encuentra su sentido en un determinado proyecto, que en el caso latinoamericano constituye fundamentalmente una reacción ante proyectos dominadores ajenos”. En este sentido, es clave “ni conservar el pasado tal como lo heredamos, ni borrarlo de nuestra memoria histórica, sino asimilarlo, asumirlo como pasado propio y, por tanto, irrepetible; aceptarlo como experiencia provechosa para construir nuestro presente y nuestro futuro.” Este proyecto, al ser rescatado por la conciencia latinoamericana es el que nos abre al proceso de liberación cultural, a la liberación del pensamiento. Por supuesto que Zea no ignora la importancia de la liberación económica, política y social, pero no las concibe en tanto previamente no se haya liberado la mente.

Rasgos de un Humanismo Pleno
La praxis comprometida del quehacer filosófico de Leopoldo Zea le permite radiografiar el exclusionismo del humanismo occidental que pone en tela de juicio a la periferia, a la frontera, al margen. Su análisis proclama otra forma inclusiva y desenajenante, tomando como base la recuperación del pasado. Este  “humanismo pleno” se caracteriza por tener algunos rasgos:

  1. De carácter liberador. Hacer una Filosofía a la altura del ser humano significa destacar el compromiso con la sociedad. Todas las personas tienen la misma capacidad para constituirse como tales sin necesidad de esperar reconocimiento de otros. Patentizar esa capacidad es lo que lo lleva a cuestionar y responder: “… ¿Qué hace del hombre Hombre? Y, por ende, ¿qué hace del latinoamericano un hombre sin más?… la libertad creadora. Un modo de ser que todos los humanos poseen por el hecho de ser humanos…”. En efecto, la capacidad de pensar es el respaldo principal para superar toda enajenación: “… hay que luchar por hacer prevalecer la razón propia de ser humano concreto: la razón capaz de comprender y hacerse comprender y a través de esta comprensión hacer patente la igualdad que entre sí guardan todas las personas de la tierra sin discriminación alguna…”.
  2. Reconocimiento a las diferencias: No aceptamos que existan personas más personas que otras. Un hombre es igual a otro, pero insistimos por su peculiaridad, su individualidad. Siempre es una peculiaridad y una individualidad abierta a otras peculiaridades e individualidades, enriqueciéndose y enriqueciendo. Abierta a otras lenguas, a otras expresiones, para así ampliar, enriquecer al propio ser”. Zea combatió todo tipo de discriminación rescatando la diferencia: “… el indio ha sido objeto de explotación y exterminio… Pero ahora, en ese buscar sobre sí mismo, el pensamiento de esta América encuentra la mitad de su ser. El hombre blanco ha hecho de su blanquitud una abstracción de lo humano en la que sólo él tiene cabida… Pero ser persona es tener piel con un determinado color, es formar parte de una determinada situación o circunstancia social y cultural… No puede aceptarse la idea de que se es más hombre o se es menos hombre en la medida en que se posee un determinado color de piel o una determinada situación social y cultural”.
  3. Resemantizar los valores éticos. “Es menester encontrar nuevos valores que hagan que el hombre recupere el equilibrio. Es menester encontrar una nueva justificación valorativa que haga posible la convivencia sin menoscabo de la persona”.
  4. Fomentar la igualdad en las relaciones humanas. En la dialéctica del pensamiento de Leopoldo Zea se entrevé el sojuzgamiento y la necesidad de liberación. Un proceso que viene de la mano del reconocimiento de la “Ineludible diversidad que al ser comprendida y respetada da oportunidad a la auténtica paz (…) los seres humanos son iguales al comprender sus diferencias”.
  5. De profunda actitud solidaria.: “Son los hombres los que al reconocerse en otros hombres, como seres iguales, semejantes, los asimilan, los hacen su prolongación y se convierten en prolongación de ellos, en otra relación que no puede seguir siendo la de la reificación de dependencia, sino una relación de solidaridad que deberá ser ajena a los circunstanciales éxitos materiales… El ser concreto, situado, puede tener una determinada piel u otra, una religión u otra, unas opiniones u otras, pero sin que por esto deje de ser una persona humana, sin que tal cosa haga de él algo más, algo menos que una persona humana”.

Vocación antiimperialista
Leopoldo Zea hace responsable al capitalismo de todas las asimetrías e injusticias existentes, ya sea las que se dan en las relaciones de dependencia entre países, así como en los conflictos a la interna de las sociedades. Al explicar el carácter enajenante de tal sistema de producción propone la Filosofía como un instrumento indispensable para esclarecer la realidad y liberarla en consecuencia: “Pienso en un mundo plenamente libre… Un mundo en que la persona no sea más ni lobo ni oveja de la persona, ni tiburón ni sardina. Mundo en el que el ser humano se reconozca como tal y en tanto reconoce a sus semejantes. Un mundo donde el ser humano, como producto de la naturaleza y de la historia, sienta que es el principal responsable de conservar su equilibrio”. Relacionado a este tema, Zea da cuenta del estado de  la ciencia, la técnica y la modernización, unidas a la inteligencia y la sublime capacidad humana de crear. Siendo productos del esfuerzo cultural de toda la humanidad,  ninguna sociedad puede quedar excluida de acceder a sus beneficios. Dada su importancia, la Ciencia debe apoyarse en una filosofía que le dé su marco y su lógica. La concibe como herramienta para explicar la realidad y coadyuvar a aminorar la problemática social. Es un instrumento indispensable para mejorar las condiciones de vida y el desenvolvimiento de las naciones, porque no se trata de renunciar al progreso material, sino de ser parte del propio modo de ser de un colectivo.

La Educación en un Occidente deshumanizado
2010-11-26-C-561925_xgdeLa función social de la Educación es para la visión iluminista de Zea, una forma de contribuir a la unión de los pueblos latinoamericanos: “La integración debe hacerse expresa en la conciencia del educando” para consumar la emancipación mental y el progreso: “El ser humano se hace y se perfila dentro de una realidad determinada. Conocer esta realidad es una de las más urgentes tareas”. Una auténtica educación será aquella que identifica la herencia colonial y promueve el conocimiento de las artes, las humanidades, las ciencias y la técnica propia de nuestros pueblos, promoviendo desenmascaramientos culturales y contribuyendo por ende a nuevas relaciones de equidad: “Una cultura en la que se coordinan los derechos de los individuos con las necesidades de la comunidad; la libertad y la soberanía de los pueblos con las necesidades de una paz y acuerdos universales. Una cultura en la que no tienen por qué estar reñida la libertad de los individuos, la justicia social y la convivencia internacional. Esto es, una cultura en la que el humanismo prevalezca sobre el egoísmo individualista que la invalida”.

En síntesis, este breve panorama de una dilatada y vigorosa obra pretende dejar abiertas las preguntas que siempre inquietaron al autor aquí presentado:

… el problema de la identidad, ¿quiénes somos los hombres de esta América?; el problema de la dependencia, ¿por qué somos así?; el problema de la libertad, ¿podemos ser de otra manera?, y el problema de la integración, ¿integrados en la dependencia podremos integrarnos en la libertad?

La búsqueda de las posibles respuestas será para aquellos quienes, preocupados por las formas de convivencia en nuestro continente, quieran rescatar un latinoamericanismo vivo, crítico y liberador.

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