COLOMBIA: ¿UNA PAZ ESTABLE?

El-Presidente-de-la-República-Juan-Manuel-Santos-Calderón-y-Rodrigo-Londoño-Echeverri-jefe-de-las-Farc2El presidente colombiano Juan Manuel Santos y el jefe de las FARC Rodrigo Londoño (alias Timochenko) firmaron en Cuba el acuerdo para el cese bilateral y definitivo del fuego, la desmovilización y dejación de armas de los insurgentes. Más de 7 mil guerrilleros entregarán las armas después del acuerdo final de paz que se firmará en Colombia. Rodrigo Londoño negó que esta fuera la capitulación de la insurgencia como muchos afirman, sino el resultado de un diálogo con compromisos por ambas partes y sin que ninguna de las dos fuerzas enfrentadas pudiera derrotar la otra.

Presentes al acto de la firma estuvieron, entre otros, los presidentes de los países latinoamericanos garantes Nicolás Maduro y Michelle Bachelet y el secretario de la ONU Ban Ki-moon. En el acuerdo se dice que las armas deberán ser entregadas en su totalidad, 180 días después de los Acuerdos finales de Paz, en manos de observadores no armados de la ONU. Empezará así la transición de los insurgentes a la vida política, en la que se prohibirá la utilización de armas. Se promoverá un cuerpo de policía de elite para desarticular las organizaciones criminales y el paramilitarismo. El pacto, que fue transmitido en pantallas gigantes en las plazas de Colombia, suscitó una gran euforia, pero también dudas. Es el cuarto intento de sellar el fin de la guerra. Ya en los años 80 las FARC habían apostado electoralmente por la Unión Patriótica (UP) y los grupos paramilitares asesinaron a unos 5 mil miembros de esa fuerza política. Muchos además no quieren reconocer que la guerra tuvo raíces sociales y que crímenes de lesa humanidad fueron cometidos de un lado y de otro. La clase dominante piensa que la guerrilla fue vencida y obligada a negociar; y no está dispuesta a las reformas que se pide del sistema económico neoliberal vigente: en la política agraria, en el sistema electoral, en el monstruoso gasto militar etc. Brilla por su ausencia el clamor de los campesinos y de los pobres. Por su parte los obispos en el cierre de su asamblea del 4 al 8 de julio, emitieron un mensaje en el cual después de analizar las raíces de la violencia  y presentar sus compromisos en orden a la paz, convocan a participar conscientemente de la consulta sobre los acuerdos de La Habana. Hacen además un “vehemente llamado” al grupo guerrillero ELN “para que abra sus puertas al diálogo y a la construcción de un país con justicia social desde la participación política y no desde las armas”. La Iglesia quiere ser “un hospital de campaña para, después de la guerra, dedicarse con pasión a curar y sanar las heridas de las víctimas”.

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