VATICANO: CARTA A LAS MONJAS DE CLAUSURA

La carta del Papa del 29 junio, muy esperada por parte de las hermanas de clausura que se sienten quizás un poco marginalizadas en la Iglesia, se llama: “La búsqueda del rostro de Dios”. Son 44 mil las religiosas contemplativas y unos 4.000 los monasterios femeninos en el mundo sobre todo de clausura, y más de la mitad en Europa. La mayoría de las monjas son de la familia franciscana, con las Clarisas a la cabeza. El Papa les dice que el mundo y la Iglesia las necesitan y valora al máximo su misión, pero al mismo tiempo hace unos llamados.

“Hay que evitar de modo absoluto el reclutamiento de candidatas de otros países con el único fin de salvaguardar la supervivencia del monasterio. No hay que ceder a la tentación del número y de la eficiencia; más bien revitalizar la vida religiosa”. El Papa se refiere al fenómeno de monjas extranjeras (de África o Asia) obligadas durante años a vivir en monasterios europeos para mantenerlos abiertos, no habiendo vocaciones locales. Y esta no es una justificación evangélica, según el Papa. En España por ejemplo, donde hay 900 monasterios, la edad media de las monjas de clausura es de 75 años y las novicias son en su mayoría extranjeras. El Papa Francisco ya en otra ocasión había estado hablando de “trata de novicias” o de “inseminación artificial en los monasterios”. El Papa invita a los monasterios a “organizarse en federaciones con afinidad de espíritu y tradiciones para salvar los conventos, o suprimirlos si es oportuno”. Recuerda la centralidad de la oración de intercesión, de la adoración eucarística, de la “lectio divina”, de la vida fraterna en comunidad y de la inserción en la Iglesia Local. Particularmente insiste en la necesidad de actualizarse con “cursos específicos de formación aunque sea fuera del convento, con el intercambio de material formativo entre conventos, con el uso de los medios de comunicación digital, siempre con la necesaria discreción”. Una adecuada formación de las jóvenes, por los menos hasta los votos, debería durar de 9 a 12 años; el Papa aconseja casas comunes de formación.  Invita a no descuidar “el deber del trabajo para un sustentamiento digno y también para socorrer a las necesidades de los pobres y de los monasterios necesitados”. Todas deben ser “voces ante Dios de los que son víctimas de la cultura del descarte y de la violencia”.

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