REFORMA DE LA IGLESIA: ¿TAMBIÉN ESTRUCTURAL?

En una entrevista a la revista italiana “Il Regno”, el teólogo Carlos Schickendantz afirma: “La credibilidad de la Iglesia depende no solo de la credibilidad de los propios creyentes, sino también de cómo está estructurada y organizada como institución. La reforma espiritual debe conjugarse con la reforma estructural en el plano jurídico. Por ejemplo hoy la Iglesia tiene una estructura piramidal; por lo tanto hay que reformar el ejercicio y la concepción misma del ministerio papal. En consecuencia también debe haber  un repensamiento sobre los obispos con su autonomía y las conferencias episcopales, sobre los laicos para involucrarlos en los procesos decisionales.

La Curia Romana no solo ha de ser reorganizada a nivel administrativo como se está haciendo ahora, sino que debe ser repensada a nivel teológico para que responda no solo al Papa sino también al episcopado mundial que también es sujeto del gobierno de la Iglesia. Esto podría lograrse a través de un organismo representativo de los obispos de los distintos continentes. El obispo de Roma ha de volver a ser el obispo de Roma y ocuparse antes que nada de su diócesis, sin olvidar su servicio de unidad en la Iglesia. El Vaticano no puede ser el primer nivel de gobierno, sino el último después del diocesano y el regional. La idea de que el Papa siga nombrando los obispos de todo el mundo, hay que dejarla de lado en lo posible. El Papa Francisco está dispuesto a dar pasos. Reconoce en la Evangelii Gaudium que se ha hecho poco en cuanto a la descentralización de la Iglesia, que a las Conferencias Episcopales hay que darles alguna auténtica autoridad doctrinal; habló de la necesidad de “instancias intermedias”. Se pueden desarrollar disciplinas distintas en las distintas regiones, por ejemplo en cuanto a los ministerios, en cuanto a las mujeres. En los dos últimos Sínodos para discutir sobre la familia había un grupo de varones, célibes y además ancianos. Esto resulta hoy incomprensible para la gente. La sinodalidad ha de llevar a una mayor participación de los fieles, varones y mujeres, en la vida de la Iglesia y en los procesos decisionales. Con Francisco ha sido consagrado el método del ver, juzgar, obrar, es decir el método inductivo que reconoce a la historia un valor teológico y permite pensar de forma pluralista. Es una aportación latinoamericana como la opción por los pobres, el pensar a partir de las periferias, la religiosidad popular… Pero también en América Latina hay puntos débiles como el machismo en la sociedad y en la Iglesia, el clericalismo, la fragilidad actual de las comunidades eclesiales de base. No se trata de exportar modelos pastorales. En el marco de unas líneas de fondo común, cada Iglesia Local debe encontrar su propia identidad”.

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