BUD SPENCER: MURIÓ EL “GIGANTE BUENO”

Bud SpencerEl famoso actor napolitano protagonista de divertidas películas, llamado el “gigante bueno”, murió en Roma a los 86 años. Sus últimas palabras fueron: “gracias”. Declaró el hijo: “Fue un padre maravilloso, un hombre libre con una enorme alegría de vivir. Vivir la vida como viene y aceptarla con alegría era su filosofía. Hasta los últimos días de su vida no perdió la gana de bromear”. Participó en 136 films. Por 56 años estuvo casado con su única mujer. Él se llamaba en realidad Carlo Pedersoli. Era de familia católica. “Hice tantas cosas, pero sin Dios nunca hubiera hecho nada. Él me dio el don de la decencia. Siento una gran gratitud para con Dios”, dijo alguna vez.

En una de las últimas entrevistas dijo apreciar enormemente al Papa Francisco (“lo encuentro extraordinario en su manera de presentar la fe”) y soñaba con comer con el Papa un plato de “spaghetti” y tomar con él un mate. Había interpretado en “Pon la otra mejilla” el papel de un cura misionero. “Por ser un cura, me parecía ser un poco violento. Pero sucede como les sucede a los curas; tenía tantas cosas para enseñar a la gente que lo hacía por la buena y por la mala. Yo lo único que quise plasmar en las películas es algo por lo que lucho en la vida real: terminar con la injusticia. Mi violencia siempre fue cómica y siempre para defender a las víctimas. Es tremendo cuando en algún lugar del mundo los niños no tienen que comer. También me desespero cuando se derrocha la comida. Siempre quise a los niños. Si los hice reír cuando eran tristes y he mejorado la vida de alguien tan solo por un momento, de esto solamente me enorgullezco”. El “gigante bueno” solo odiaba a las guerras. “He amado y espero haber sido amado; solo el amor vale”, decía. bud_spencer__terence_hill_1936875

En sus film el bien siempre gana sobre el mal. Era un fiel creyente y decía cómicamente: “Tengo la curiosidad de ver qué hay en el más allá, igual que un chico que quiere desmontar un juguete para ver cómo funciona. Naturalmente no tengo apuro para eso, pero no vivo en el temor”. No se quejaba de tener que dejar ese cuerpo “un poco abultado e incómodo” (medía casi dos metros, pesaba 140 kilos y calzaba 47) y decía: “No temo la muerte; Dios existe, el resto se lo sabré decir después…”.

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