ECUADOR: “EL SANTO QUE YO CONOCÍ”

MONS GONZALO 02Anastasio Gallego, ex carmelita y prorrector de la Universidad Santa Maria, educador popular muy conocido y respetado, habla en una entrevista de su ex hermano de vida religiosa Gonzalo López Marañón. “Gonzalo era de la altura moral de Helder Cámara o Proaño, de ese calibre; uno de los pocos santos que he conocido. Después de tantos años de trabajo misionero, duro y fecundo, en la selva amazónica, le llegó una carta de Roma donde se le agradecía los servicios prestados y a la vez se le decía que no estaba en la línea de la Iglesia; por lo tanto le aceptaban la jubilación. Iban a nombrar a otro para que pusiera orden en la casa y le pedían que de inmediato abandonara el Vicariato “de ser posible para su propio país de origen y que no volviera más”.

No le permitieron ni siquiera volver de visita a Ecuador. Gonzalo logró ir a Roma; pasó de oficina en oficina en la curia vaticana a lo largo de un mes y se encontró con que habían llegado al Vaticano cantidad de mentiras y calumnias contra él, sobre todo por parte de los poderosos del lugar y la nunciatura. Pudo ver al Papa y desahogarse con él. No pudiendo volver a Ecuador, decidió irse a África. A los 82 años se fue a Oporto para aprender el portugués y tramitar sus papeles y después partió por Angola para ser “semilla de Cristo en África” entre los más pobres. El pueblo cristiano de Sucumbios quería traer sus restos a Ecuador, para honrar al que había sido su primer obispo, luchando por ellos y con ellos a lo largo de 40 años. Pero su última voluntad había sido la de ser sepultado en África y se respetó su deseo. El presidente Correa, que lo admiraba,  se había ofrecido a correr con los gastos del estado para repatriar sus restos, ya que tenía nacionalidad ecuatoriana. A los carmelitas de Sucumbios, cuando los echaron, los recibió en su diócesis el obispo capuchino de Guaralido. Al llegar los Heraldos del Evangelio, la gente los confundió con los Templarios. Por un lado estaban los Carmelitas “Descalzos” y por el otro lado los Heraldos con “botas” hasta las rodillas. El obispo Gonzalo sufrió dignamente todos los atropellos y quiso ser misionero entre los más olvidados hasta lo último de su vida”. En África construyó en la aldea de Calunda un iglesita de ladrillos, daba clase a los niños y atendía a los pobres. Afectado por la malaria, falleció el pasado 7 de mayo. Había llevado adelante por 41 años en la Amazonia ecuatoriana un modelo de Iglesia popular, comunitaria, liberadora y profundamente vinculada al Concilio y  la Iglesia Latinoamericana. Fue condecorado por el gobierno por su trabajo en la foresta. Marañón ya había ofrecido su renuncia al Vaticano por límites de edad y seguía ejerciendo con funciones prorrogadas, hasta que le llegó el edicto contra él, su obra y su Orden. Por el malestar y las divisiones que se crearon en Sucumbios, Marañón hizo un mes de huelga de hambre por la paz y la reconciliación en la zona. Fue a España en el 2011 para un año sabático y de allí optó por África.

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