JOAN CHITTISTER: “LIBERTAD DE OPINAR”

La famosa monja benedictina estadounidense no pelea para la ordenación sacerdotal de las mujeres; solo se concentra “sobre las cuestiones más urgentes para las mujeres: el derecho a iguales oportunidades educativas y económicas, iguales derechos civiles y religiosos”. Así escribe Tom Roberts, ya director del semanario “Nacional Catholic Reporter”, en una biografía de Joan a partir de su infancia marcada por la violencia domestica. La religiosa cumplió 80 años, fecha que fue celebrada en el ámbito eclesial.

Joan, además de haber sido superiora por 12 años de su comunidad, desplegó como teóloga, en unos 40 libros, además de los artículos y las conferencias, su voz profética en favor de la renovación de la vida religiosa, del compromiso por la justicia y la paz, de los derechos de la mujer. Roberts cuenta como a fines de 1999 fue invitada al primer congreso en Dublín sobre la ordenación sacerdotal de las mujeres, como principal expositora. Ella se rehusó a hablar del tema, pero dijo que iba a hablar de Jesús, de su secuela, del discipulado. Poco tiempo antes del viaje, su superiora le informó que el Vaticano le prohibía ese viaje, amenazando un castigo apropiado. Joan pidió a la Superiora que acatara la orden, pero ella iría a Dublín. Fue a Dublín y declaró: “No creo que se haga bien a la Iglesia rehusando discutir lo que es una importante cuestión teológica. La Iglesia ha discutido sobre la naturaleza de Cristo por tres siglos. Me parece que se puede gastar un encuentro para saber el rol teológico de las mujeres en la Iglesia 20 siglos después”. Joan no se pronunció a favor del sacerdocio femenino, pero sí de la libertad de opinar en la Iglesia; y para eso estaba dispuesta a recibir la sanción del Vaticano (la que nunca llegó). “Lo que quiero es que no se ignore esta cuestión y se discuta al interior de la Iglesia. Solo el 3% de la Iglesia es clerical y en el restante 97% está el corazón de la Iglesia; que se lo escuche”, afirmó. Añadió en una entrevista: “La Iglesia Católica es una de las pocas instituciones en el mundo en la que las mujeres han ido haciendo su camino autónomamente, han construido y regentado escuelas, universidades, hospitales, orfanatos y se han metido en las selvas más peligrosas cuando en sus países ni se les dejaba ir solas por la calle. Ahora hay que abrir para ellas los espacios teológicos, pastorales y decisionales en la Iglesia”.

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