(Biblia) VAYAN A LAS ESQUINAS DE LAS CALLES

Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo:
«El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados,
pero estos se negaron a ir.
..
(clic aquí para el texto completo)
Mt 22,1-14

En Mateo (22,1-14) Jesús habla de un rey, Dios, que envía invitaciones para las bodas de su Hijo (con la humanidad). Los mensajeros son los profetas. Los primeros invitados, arrogantes y agresivos, son los dirigentes religiosos de Israel. Estos invitados se rehusan sin motivo alguno y además matan a los mensajeros. La reacción del rey es violenta y envía tropas para dar muerte a aquellos asesinos. Hay que recordar que en una parábola no hay que tomar todos los detalles al pie de la letra. El rey abre después la sala para todos los que están en las esquinas de las calles y por los caminos. El contraste en esta parábola es entre la respuesta positiva de la gente humilde frente a la negativa de los profesionales de la religión y en Lucas (14, 23) la respuesta positiva de los paganos frente a la negativa de Israel.

Hay cierta urgencia porque el banquete está pronto. La invitación de Dios es para todos, buenos y malos (Mt 22,10). También la Iglesia ha de ser la casa de todos, aún de los pecadores. Pero el ser llamados (en el bautismo), no es garantía absoluta para poder compartir el banquete. Es el caso del hombre sin traje nupcial (Mt 22, 12-13) que al entrar el rey y cerrarse las puertas, se encuentra en esa situación. El que no tiene el traje nuevo es el bautizado que entró en la Iglesia, pero no lleva una vida crstiana. No basta con decir Señor, Señor, para entrar en el Reino (Mt 7,21). No es suficiente con decir que “sí” como en la parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32) en la que el hijo le dice al padre que sí, que irá a la viña a trabajar, pero no fue. Con la imagen del traje nupcial se quiere significar que la conversión y la respuesta al llamado es fundamental. El hombre que no viste el traje nupcial, por más esté dentro de la sala del banquete, en realidad está afuera. Los judíos equivocadamente se creían salvados sólo por pertenecer al pueblo de Israel, tampoco los cristianos se salvarán simplemente por ser bautizados y pertenecer a la Iglesia. Hay que asumir las exigencias del evangelio con una respuesta personal. En el bautismo todos recibimos la vestidura blanca, el traje nupcial. El hombre de la parábola también la recibió, pero no se la puso (Mt 22,11) por eso quedó callado sin saber qué responder al rey. Entonces llegó su veredicto: arrójenlo afuera. Esta expresión se repite seis veces en los labios de Jesús en distintas ocasiones, es para advertirnos de la responsabilidad grave que tenemos de nuestro destino final.

Llanto y rechinar de dientes son imágenes que significan el dolor de haber sido excluidos del banquete y el frío y la oscuridad por la ausencia de luz ya que es noche profunda. Con la frase: muchos son los llamados y pocos los elegidos (Mt 22,14) Mateo se refiere a la primera parte de la parábola y quiere significar que de los primeros invitado pocos llegaron al banquete. Estos invitados eran los judíos, y en realidad pocos fueron los que entraron. Ellos creían tenerlo todo, no necesitar nada del rey ni de sus banquetes. Así como han sido excluidos los agricultores homicidas de la viña de Dios en Mt 21,33-46, también lo fueron estos invitados del banquete del rey. Igual que la viña pasó a otros, la sala del banquete también se llenó de gente que en principio no había sido invitada. Con la parábola, Jesús responde a la exclamación de un piadoso judío sobre el futuro banquete en el Reino de Dios (Lc 14,15); le dice que aquel día será demasiado tarde. El Reino ya está presente y él ya celebra con publicanos y pecadores el preludio del banquete. No hay tiempo para esperar, todo está listo y el banquete está abierto a todos. Efectivamente el Reino será poblado por una muchedumbre inmensa (Ap 7, 9) de paganos llamados al banquete. A diferencia de Mateo, en Lucas se habla simplemente de un gran banquete. Ambos episodios se remontan a un relato común transmitido por la tradición oral. Se trata de un señor que excluye de su banquete a unos invitados que lo han rechazado, haciendo sitio a otros. Según Lucas (14,15-24) la puerta para entrar al banquete se cierra para los primeros invitados que rehusaron la invitación y se abre a todos los pobres y también enfermos de la ciudad, y ya que todavía hay lugar, se invita también a los que están en los caminos (=los раganos). Y así los primeros, los dirigentes de Israel, pasan a ser últimos y los últimos, primeros, Jesús cuenta esta parábola en la casa de un fariseo y, al ver cómo todos buscaban los primeros asientos, denuncia esa autosuficiencia y arrogancia de los jefes religiosos de Israel. En la parábola los pobres y discapacitados son hasta conducidos de la mano al banquete y los paganos obligados a entrar (14,23), El amor de Dios es un amor que, aún respetando la libertad, se impone con su vehemencia. Dios quiere llenar su casa. Al rechazo de algunos, Dios responde abriendo las puertas a todos, para que todos gocen de la fiesta. El banquete ya está preparado y hay que consumirlo. A la pregunta de alguien si son pocos los que se salvan (13,23), Jesús responde que todos están invitados. En la casa del Padre siempre hay lugar. Se excluye únicamente al que rechaza la invitación con distintos pretextos (14,18-20). Según Lucas, la primera invitación fue a través de Moisés, la segunda a través de Jesús, la tercera es a través de la Iglesia.

 

Primo Corbelli

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