BRASIL: GOLPE BLANDO

quienLos gobiernos del Partido de los Trabajadores han luchado contra la desigualdad social, pero no se han sustraído de una “corrupción generalizada”, en palabras de los obispos, que afecta al país entero. Brasil ha salido del “mapa del hambre” de la ONU, hubo un real aumento de inversión en la educación con escuelas para todos los niños, universidades y escuelas técnicas, se fortaleció el acceso al trabajo formal,  hubo programas de éxito como la Bolsa Familia, Luz para todos etc. Los programas sociales miraban a crear un estado de bienestar social; pero se enfrentaron con una dura oposición. Escribe Leonardo Boff: “Nadie puede negar que el paisaje social de Brasil ha cambiado. Hubo una revolución social aunque quede mucho por hacer, sobre todo en educación y salud. Ahora está en marcha una contra-revolución. Las viejas elites oligárquicas no aceptaron a un obrero como presidente y menos a una mujer. Quieren volver al estado anterior. Hubo un golpe parlamentario, blando, como en Paraguay y Honduras. En América Latina se está cerrando un ciclo de gobiernos progresistas que elevaron el nivel social de los más pobres. Ahora se viene una ola derechista que ya ganó en Argentina y nos presiona por todas partes”.

Por otra parte la corrupción es tan grande también en el PT que se desacreditó a si mismo y perdió fuerza. Para evitar la caída del gobierno, se empezaron a repartir puestos, cargos y nombramientos. La presidenta ha sido suspendida por un parlamento donde más de un tercio de sus integrantes son acusados de de evasión fiscal, soborno y enriquecimiento ilícito. El tribunal estuvo encabezado por el presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cuña sobre el que pesa la acusación de enriquecimiento ilícito, desvío de millones de dólares y cuentas en Suiza. Durante 180 días el Senado estudiará las acusaciones contra la presidenta y dará el veredicto final reponiéndola en su cargo o alejándola definitivamente. El problema de fondo del Brasil es un problema ético, tal como denunciado por los obispos, es decir la avalancha de crímenes económicos que afecta a partidos e instituciones. El presidente interino Michael Temer es hijo de católicos maronitas que llegaron a Brasil huyendo del Líbano en 1925. Es líder del Movimiento Democrático Brasileño, pero con muy poco apoyo popular. La Iglesia oficialmente no se ha pronunciado. “Hay diferencias de posturas entre los obispos, frente a estos hechos políticos”, reconoció el arzobispo de San Pablo Odilo Sherer.

“Brasil no se merece esto; es simplemente vergonzoso. No es posible que hayamos llegado a este punto”, se quejó el obispo amazónico Erwin Krautler.

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