editorial: ¿Qué se oculta tras la violencia del terrorismo islamista?

Pocos días antes de la Semana Santa, un uruguayo, el maestro Carlos Peralta Ramos, autorebautizado en su facebook, Abdulah Omar, eligió según dijo a un judío al azar, que habitaba en su ciudad de Paysandú, y le mató, según él porque Alá se lo ordenó.

El juez dijo que era un crimen provocado por razones “étnicas y religiosas.”

Esta sentencia parece confirmar las acusaciones que hacen varios agnósticos y ateos, sobre la religión como causa de discriminación violencia y guerras.

Pero nosotros creemos que el juez está errado, no fue la religión lo que impulsó a este hombre a cometer tal locura sino la codicia y la ambición de unos pocos.

En este momento, Occidente se está enfrentando al terrorismo de los islamistas del Estado Islámico.

Pero hemos de decir que Occidente es en gran parte responsable de esta “locura asesina” de los terroristas islamistas.

Muchas son las intervenciones que Occidente ha tenido en el mundo islámico, alimentando primero a combatientes islámicos como Bin Laden y Sadam Hussein, para usarlos contra la hegemonía de la antigua Unión Soviética y Rusia posteriormente en el Cercano Oriente; y luego como excusa para organizar “guerras preventivas”

¿Por qué? Simplemente a causa del petróleo, que abunda en aquellas regiones, y el dinero que éste produce; o para alimentar la industria de armamentos, en constante crecimiento. El mismo papa Francisco hablando de los tristes hechos del Oriente Medio en el Via Crucis del Viernes santo ha condenado los fabricantes de armas.

“Quien siembra vientos recoge tempestades” reza el libro de los Proverbios. Europa y Estados Unidos están pagando las consecuencias de sus acciones bélicas en Irak e Irán, o el apoyo con armas a dictadores como el de Siria. Lo trágico es que esas políticas traen ahora horribles desgracias a inocentes, que sin culpa alguna se encontraron con la muerte bajo la forma de ataques suicidas de fanáticos islamistas, que son nada más que la carne de cañón para enriquecer a unos pocos codiciosos.

La religión es sólo una triste excusa y no la causa de los conflictos.

Como si a alguien se le pudiera ocurrir que Dios quiere la muerte de sus hijos.

Porque para Dios todos somos sus hijos, aunque seamos ateos, agnósticos, musulmanes, o cristianos.  Todos somos sus hijos, y lo más preciado que Dios tiene son sus hijos.

No sabemos si el asesino sanducero, tiene alguna conexión con los islamistas del Estado Islámico, lo que si sabemos que la locura y la violencia son contagiosas.

Pero nosotros creemos que la bondad y el amor de Dios son más fuertes, y poderosas que el odio y la codicia, de aquellos que le lavan el cerebro a gente frustrada, para que se vuelvan asesinos, no en el nombre de Dios, sino en el nombre de los ídolos que ellos mismos han creado.

Sería muy oportuno que todos los que amamos a Dios, cristianos, budistas, hinduistas, judíos y musulmanes nos uniéramos para condenar estos horrores, y colaboráramos para erradicar esta locura.

Dejemos de lado nuestras diferencias, es el momento de unirnos en favor de la paz.

 

Eduardo Ojeda.

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