(Editorial) Interactuar con la información

La esperanza de la Redacción de Umbrales es que este editorial sea leído, así como los otros artículos, por los mismos lectores que cada mes abrían la revista impresa para tomarse un tiempo de reflexión. Y ojalá otros lectores se sumen a nuestros lectores, gracias a este medio.

Umbrales retoma su servicio, buscando ser una voz de esperanza en nuestra Iglesia y nuestro mundo: en realidad, como se puede haber constatado, ya en los meses de diciembre, enero y febrero pasados, hemos publicado noticias y artículos, señalándolos en las redes sociales. Es decir: hasta se mejoró el servicio. Pero esto no depende solo de la redacción. En buena medida depende de los lectores y de la cultura que entre todos promovemos.

Un ejemplo para entendernos. En las semanas pasadas falleció Umberto Eco, el profesor italiano autor de la novela de 1980 “El nombre de la rosa”, tal vez uno de los mayores expertos en comunicación. Es conocida su aversión a internet y su denuncia a los medios de comunicación por la posibilidad que tienen de confundir una noticia importante en el mar de informaciones que no aportan en nada al crecimiento de la persona y de la comunidad. Siempre fue movido por una preocupación ética, es decir la preocupación de la dignidad de la persona y lo que la favorece. Su última novela, “Número zero”, es una denuncia a los medios de comunicación manipulados por el poder de turno: llegan las informaciones que los favorecen, las otras no tienen espacio de publicación o, cuando no se puede no publicarlas, se aguan al punto que parecen de ninguna relevancia o fantasiosas hipótesis. En una novela anterior, La misteriosa llama de la reina Loana”, el protagonista es una persona que, luego de un accidente, vive el problema, o el drama, de conocer todas las informaciones, noticias y nociones que aprendió en su vida, pero no sabe quién es él: conoce la literatura, la historia, lo que ocurrió en el mundo, pero no reconoce sus familiares y amigos y no sabe qué tipo de relación se estableció entre ellos.

Umbrales no sirve para aportar nuevas informaciones: ya las tenemos en internet. Su aspiración es que el lector pueda interactuar con la información para que nuestra vida personal y eclesial sea más auténtica y coherente. La revista impresa tal vez favorecía más este tipo de lectura; en cambio es fácil usar ahora Umbrales como se hace habitualmente con internet: ver el título, leer los primeros renglones y seguir con otras búsquedas.

La amplitud de nuestros conocimientos no nos hacen mejores personas; conocernos a nosotros mismos, saber quiénes somos y cuál es nuestra misión en este mundo, valora las pocas o muchas informaciones que manejamos.

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