SANTIAGO AGRELO: SOLEDAD DE UN PROFETA

Es un franciscano español, obispo de Tánger en Marruecos, norte de África y es una de las voces más proféticas de Europa en defensa de los inmigrantes africanos. Su diócesis, a poca distancia de la frontera con España, tiene tan solo dos mil católicos y 15 institutos religiosos y todos trabajan al servicio de los inmigrantes.

Agrelo dice que “para los gobiernos el inmigrante es una mercancía y vale solo en cuanto puede producir un beneficio económico. Antes que el derecho de las fronteras para los estados, está el derecho de la persona humana. La guardia civil en la frontera apalea a los africanos, los saca inconscientes de la frontera y los entrega a las fuerzas del orden marroquí en medio de la indiferencia general, como si esto fuera normal. ¿Cómo no indignarse que una niña de cuatro años que yo bauticé en Tánger, se haya muerto en el Estrecho con toda su familia? África es un continente legalmente saqueado y encima impedimos a sus habitantes buscar, con enormes sacrificios y sin violencia, un futuro mejor. Los emigrantes no van a dejar de seguir yendo para Europa aunque hayan visto a sus compañeros o familiares morir en el mar; esto Europa lo tiene que entender, mientras siga habiendo hambre y guerras. Las políticas migratorias europeas son un crimen del que se tendrán que avergonzar un día, como se avergüenzan ahora del Holocausto”. El obispo de las “cuchillas” de Melilla, sigue diciendo: “En los alrededores de la frontera hay miles de emigrantes que llegan de todas partes. No sé cuantos son; sé que son personas humanas. Sé que no tienen papeles, pero tienen hambre. Sé que no están autorizados, pero tienen derecho a buscar un futuro para sus familias. Sé que las autoridades los consideran una amenaza; pero en verdad es que las autoridades son una real amenaza para ellos”. El obispo acusa a las fuerzas del orden del gobierno español de ser con los inmigrantes como “alimañas que los acosan, los persiguen, los golpean, los cercan para rendirlos por hambre. Esta sociedad se ha embrutecido, envilecido, degenerado. Las que se llaman “fuerzas del orden” se apropian de los pocos alimentos que los africanos reciben para subsistir (inclusive de los alimentos que enviamos nosotros)”. El obispo les recuerda al soldado y al oficial que lo manda, a los políticos y al gobierno que “si comen el pan que han quitado a los pobres, están comiendo su propia condena, están comiendo el bocado con el que entra en su cuerpo Satanás. Más allá de esta frontera maldita, todos estamos perdidos si no nos convertimos a los pobres. La Iglesia ha de predicar contra la corrupción de los políticos, por la solidaridad social, por la austeridad personal y colectiva”. Estas declaraciones son contemporáneas a las de Antonio Cañizares, obispo de Valencia en España que afirmó tajante: “No veo ninguna opción por los pobres en ningún partido político; solo hay demagogia sobre ellos”.

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