Pueblito Zequeira

Autor: Tabaré Etcheverry.

 

Tabar+® Etcheverry 2.JPGHay un pueblo en Artigas, de piedra y lata, ranchos de chapa.
No hay terrón pa´paredes Porque de tierra no hay media cuarta.
Y entre los pedregales tampoco crece, ni un mazo e´paja.
Pueblito Zequeira , de ranchos de chapa,
marrones de herrumbre, remiendos de lata.
En medio e´las estancias Pueblo Zequeira era una mancha,
y pa´aliviar conciencias, se juntó un día la gente e´plata.
Y decidieron darle lo que hacía falta, e hicieron una iglesia en medio del pueblo, de piedra y lata.
Pueblito Zequeira, ya no importa el hambre, con tres padrenuestros,
dos glorias y un salve
Ya está todo arreglado, ahora se pueden morir en gracia, y saber que es pecado carnear ovejas de las estancias.
Si la miseria aprieta por un destino, vayan rezando.
Y vivan mientras tanto de alguna changa y el contrabando.

Comentario
Tabaré Etcheverry hizo esta canción basada en la problemática de un pueblito de Artigas, que durante la década del 50 se había armado como un verdadero asentamiento marginal, o “pueblo de ratas” donde los peones de las estancias “guardaban” a sus familias.
Esta situación de verdadera miseria social, era muy común en el interior de Uruguay a mediados del siglo XX, tanto que motivó una valiente carta Pastoral de Carlos Parteli, que a comienzos de la década del 60 había sido nombrado primer obispo de Tacuarembó.
La miseria de estos asentamientos marginales en el interior de la república era una de las realidades denunciada por esta carta que incluso fue estudiada en el Parlamento nacional.
Los estancieros se sentían muy incómodos con esta realidad. Pero no se les ocurrió ni mejorar los salarios, de los peones, ni dar trabajo a quienes no lo tenían.
Se les ocurrió hacer una Iglesia, una capilla, donde el cura del pueblo más cercano iba de vez en cuando a celebrar misa.
La canción nos habla de esta cruda realidad.
Carlos Marx había denunciado ya en el siglo XIX que la religión era instrumentalizada al servicio de una sociedad capitalista basada en el lucro, y que en lugar de poner al descubierto la injusticia ante el pueblo, se le adormecía con el consuelo de una vida en el más allá.
Y se les decía que si habían nacido pobres era la voluntad de Dios, condenándose a los que, acuciados por el hambre, robaban o buscaban salir por la fuerza de esa situación de violencia e injusticia.
Las Iglesias institucionalizadas (dejando de lado el Evangelio claro está), hablaban a los pobres de que debían conformarse con su destino, y no tratar de cambiar esta situación injusta.
Cuando llegó el Concilio Vaticano II muchos obispos de América Latina, denunciaron esta situación como una violencia institucionalizada, y una injusticia que clamaba al Cielo.
Esto explica la opción preferencial por los pobres que la Iglesia Latinoamericana quiso potenciar como opción pastoral.
Estos estancieros de la canción representan a algunos católicos que se escandalizaban cuando se leían en los Templos las cartas de nuestros obispos y acusaban a la Iglesia de “meterse en política” cuando trataba estos temas.
Si bien es cierto que el horizonte de la esperanza cristiana no termina en esta vida, ni se concreta en los cambios sociales, que favorezcan una vida digna para todos, ni la esperanza del Reino se concretará con el esfuerzo humano, sin embargo no puede ser cristiano ni ciudadano del Reino quien ignora esta realidad.
Como dato curioso, recientemente fue en el pueblito Zequeira que se reunió el Consejo de Ministros.

Eduardo Ojeda.

Datos sobre Tabaré Etcheverry

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