(opinión) De papa Francisco, reformas y otras yerbas… “En la parte está el todo”

Hay un clamor que viene ganando terreno en la Iglesia Católica hace muchos años y que es difícil precisar su contenido real, pero está en la atmósfera y se lo siente como parte integrante de la comunidad cristiana. Hay algunos que hablan de clamor contra el Gueto en el que plantean un olvido sistemático y vertiginoso de los postulados del Vaticano II. Por otra parte no es necesario ser muy despierto para darse cuenta que la Iglesia Católica hace unos cuantos años vive en su interior una crisis bien profunda de credibilidad. Es llamativo ver como los colegios “Católicos” o que educan en la fe cristiana son maquinas de expulsar cristianos de la fe. Ejemplos y testimonios sobran de gente que te dice: “yo fui a un colegio católico y ahora no quiero saber nada con la fe o la práctica religiosa”.


En el marzo de 2013 se abrió una ventana de esperanza y entró dentro de la comunidad cristiana una bocanada de aire fresco que retrotrajo inmediatamente a lo que fue el Concilio Vaticano II para la Iglesia y el convocar de Juan XXIII de un Concilio para que el Espíritu sacudiera un poco la modorra de siglos de rutinización y soberbia. El Papa Francisco trajo mucha esperanza junto con gestos hermosos de humanidad y acercamiento a la gente que pusieron en el candelero una vez más esos vientos de reforma y deseo de transformar esta crisis en un cambio. Salió nominado como personaje del año en muchos medios informativos y encuestas.
La exhortación apostólica del Papa Francisco (Evangelii Gaudium) fechada el 24 de noviembre de 2013 nos sorprendió mucho en su contenido y profundidad. Hoy vivimos en tiempos de mucho marketing y la Iglesia no está ajena a ello. A nuestro entender este juego mediático le ha hecho mucho bien porque la ha sacado de “las catacumbas del secretismo”, pero también mucho mal porque una institución tan “pesada” no ha sabido muchas veces procesar velocidad y precisión como se dice en el futbol de hoy y ha caído en incongruencias.
El Papa Francisco nos ha descontracturado a todos y rompe muchas veces con protocolos rígidos. Bien rioplatense su talante y en el Uruguay, país de cercanías al decir de Real de Azua eso cae muy bien. Es notable ver como gente “de fuera” de la Iglesia te habla maravillas de este Papa. Y grupos cristianos están en silencio, no hablan, no entienden, murmuran y hasta son fieles al obispo ahora, porque parece que el Papa va para otro lado: los pobres. Que tragedia, volver a recordar lo que la Iglesia ha sostenido ininterrumpidamente a lo largo de su historia: la opción por los pobres; y muchas veces olvidamos la historia, no tenemos memoria.
Retomando el documento del Papa, quiero comentar una afirmación fuerte del Papa que dice: “El todo es superior a la parte”. El Papa viene hablando de esa tensión entre totalidad y particularidad, es decir, entre lo universal (el todo) y lo particular (la parte) o lo local como decimos comúnmente y cita al Evangelio cuando nos narra la parábola de la oveja perdida para ilustrar su reflexión. Y es así que para terminar quisiera puntualizar algunas reflexiones sobre esto. Decir que el todo es superior a la parte es una interpretación honda que marca una mirada universalista de la salvación. Es esa fuerza de “lo católico” dentro de la Iglesia: lo universal. Aprender a mirar el todo, el conjunto, lo global, las tensiones totales. Es alejarse para entender, es como decía un viejo profesor de Latín: “sacar la cabeza del agua”. Es no ahogarse en la cotidianeidad. Es tener mirada de futuro. Es ir lejos, mirar el horizonte nos enriquece y nos descansa, dejamos “lo pequeño” entendido como “chiquito”, “simple”, en definitiva “nada” frente al “todo”, al “conjunto”, a todo aquello que nos ayuda en el salir hacia lo grande, lo que verdaderamente importa. Un amigo nos preguntaba una vez: ¿Qué te dejó tu pasaje por la Iglesia? (entendido como formación). Le decíamos esto: una mirada universal. Aprender a mirar el todo, no quedarnos con la suma de partes. El Papa dice: “El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas”. Esto dicho así nos lleva a reflexionar como muchas veces en la vida nos cuesta mirar el todo, analizar las partes descompuestas y por separado, nos hace perder de vista el todo. Quizá por eso hoy en día se hable mucho de la formación integral, holística y muchas cosas más.
Esa es una interpretación – al decir de Nietzsche, ya no hay hechos, sino interpretaciones – y quisiéramos ahondar un poquito en ella desde otro lugar afirmando que en la parte está el todo. Dicho simplemente “lo pequeño”, “los detalles”, “nuestras dificultades cotidianas” son el todo porque en la parte está el todo. Decían nuestras abuelas: “para muestra basta un botón”. A San Francisco de Sales lo criticaban porque su pastoral la hacía acompañando a pocas personas, más bien se las contaba con los dedos y el decía: “en un alma está la Iglesia”, si yo me dedico a uno y hay un verdadero proceso de transformación, esa semilla caerá en tierra buena y dará mucho fruto como dice la parábola del sembrador. Yo me pregunto si eso no es lo que hizo Jesús transformando poco a poco el corazón de sus discípulos desde la buena noticia del Evangelio. Qué bueno que el Papa haya puesto su mirada nuevamente en el Evangelio como Francisco, el “poverello” de Asis que al decir de San Ignacio, fundador de los jesuitas (congregación del papa) fue quizá el único Santo que encarnó el Evangelio a la manera de Jesús. Estábamos más preocupados en el matrimonio igualitario y en la marihuana que en el evangelio de Jesús. Profundizando en esa afirmación de que en la parte está el todo, recuerdo la parábola chiquitita que cita el Papa: “la oveja perdida”. Ahí vemos como Jesús deja a las 99 que estaban seguras y va en busca de esa que se perdió. ¿Porqué? Nosotros responderíamos muchas veces: “porque el corazón misericordioso de Jesús sale a buscar lo que está perdido”, “porque la solidaridad nos obliga”, hasta el Papa habla de “salir”, “ir a buscar”, “anunciar”, “ser misionero”. Hay que traer lo que está perdido, lo que se ha alejado. Hay que ir a buscar a las “ovejas descarriadas”. Marcamos una división, una línea: “los de acá” y “los de allá”. Tensiones dijera el Papa: paganos y cristianos, alma y cuerpo, espíritu y materia. Es más hondo el problema y nuestra interpretación es que en el corazón de Dios no hay división, el ser humano separa, divide, limita, no le queda otra, es finito. En el corazón de Dios no hay división, una perdida es todo el rebaño perdido. Si hay uno que está afuera todos estamos fuera. La lógica del corazón de Dios rompe nuestra lógica humana egoísta y perversa de excluir, excomulgar, separar y dividir. ¿Será por eso que el Papa insiste tanto en la misericordia? Basta de mirar la seguridad del rebaño, ¡Gracias a Dios estoy entre las 99! No… Dios es tiene un corazón unido, no separado. En la parte está el todo, no podemos separar, dividir, rasgar, lo que está unido. Aquí me parece que está la idea clave: ir a buscar a la oveja perdida es ir a buscarme a mí. Se puede estar fuera estando dentro, esto es lo apasionante de esta parábola. Si hay un desaparecido, todos estamos desaparecidos, si hay un niño con hambre todos tenemos hambre, si hay un niño con frío, todos tenemos frío, si hay una familia dividida o rota, todos estamos rotos o divididos, si hay una comunidad cristiana dividida o rota, todos estamos rotos o divididos.

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